Se dió cuenta que ya no sonreía como antes;
y ante lo que representó un esfuerzo de vida
comenzó a mover sus cachetes. Músculo tras músculo
sus pómulos se fueron reformando.
Lo curioso fué que al mover su cuerpo
la vista comenzó a fallar. ¡Momento!
Se rascó los ojos.
No. No era en vano... El mundo se empezó a colorear.